* Cómic: puede ser un buen recurso educativo, dado el carácter tan dinámico que conlleva. El hecho de poder reproducir historias y crearlas aporta una motivación al proceso enseñanza-aprendizaje. Son muchos los rasgos lingüísticos que se pueden trabajar; desde diálogos, monólogos, expresiones más coloquiales, entre otros. Supone una mezcla de lenguaje visual e icónico que reconfigura nuestras capacidades comunicativas. Pero, para que sirva como verdadero recurso educativo.
Origen del cómic
Si somos estrictos, el origen de los cómics se remonta a miles de años. Desde que el ser humano tuvo la necesidad de dibujar para poder explicar una historia, aventura, acontecimiento o leyenda.
Alumbrado por la luz cimbreante de una hoguera, un viejo cazador pintaba en el fondo de una cueva una secuencia de caza. Lo hacía con un tizón acabado de extraer del fuego, hace tal vez 14.000 años.
Fue el primero de una larga historia, pero las pinturas egipcias, las vasijas griegas, los frescos romanos, las pinturas eclesiásticas y los manuscritos medievales que relataban las vidas de Jesús y de los santos no se consideran historietas, y hay que esperar a la sátira social y política para encontrar los antecedentes reconocibles del cómic.
Al principio no son más que meras caricaturas o dibujos para ilustrar una historia o pequeñas narraciones sin solución de continuidad.
Quién inventó el cómic
Se considera a Thomas Rowlandson el inventor del cómic en el año 1809.
Rowlandson publica “Los viajes del doctor Syntax”, tal vez el primer cómic o aventura seriada de la historia en tener resonancia, y en esa época hacen su aparición los bocadillos parlantes.
Evolución del cómic
En la última década del siglo XIX, muchos periódicos norteamericanos estaban publicando historietas de media o una página incluso, pero pocas tienen solución de continuidad o duran unos pocos días a los sumo.
Se considera que Mutt and Jeff, de Bud Fisher, cuya publicación se inicia el 15 de noviembre de 1907, es la primera tira cómica de la historia del cómic publicada a diario con un éxito relevante, que le permitió continuidad hasta 1982.
Mafalda es una historieta y tira de prensa argentina desarrollada por el humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado, alias Quino, desde 1964 hasta 1973.2 Es protagonizada por la niña homónima, «espejo de la clase media argentina y de la juventud progresista»,3 que se muestra preocupada por la humanidad y la paz mundial y se rebela contra el mundo legado por sus mayores.
En 1962 Quino llevaba cerca de una década realizando humor gráfico, cuando su amigo Miguel Brascó, humorista y escritor que había trabajado en algunas de las mismas revistas que aquel, fue contactado por «Agens Publicidad» con el fin de crear una tira de historietas para promocionar la marca de electrodomésticos «Mansfield», de la empresa Siam Di Tella.6 La tira funcionaría como publicidad encubierta al aparecer en medios impresos. Brascó recordó que Quino le había comentado «que tenía ganas de dibujar una tira con chicos» y le sugirió realizar una historieta que combinara a «Peanuts con Blondie».7 La empresa había puesto como condiciones que en la historieta aparecieran algunos electrodomésticos y que los nombres de los personajes comenzaran con «M».8
Quino dibujó entonces varias tiras protagonizadas por una familia tipo constituida por un matrimonio de clase media con dos hijos: un niño y una niña.9En esta familia ficticia, los rasgos del matrimonio son similares a los de los padres de Mafalda de la etapa posterior, mientras que el hijo no se asemeja a ninguno de los personajes clásicos de Mafalda. Su hermanita sí es reconocible como Mafalda, aunque exhibe un diseño arcaico.1
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